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La química de ella y sus complicaciones.

A ella le gustaba, desde siempre, convencerse de que tenía que ser normal, y querer las cosas que quiere la gente normal, porque siendo como era estaba muy sola, estaba tan sola, tan sola, que pasaba horas hablándole a las sombras de las paredes, pero incluso las sombras acababan por escurrirse debajo de la cama, y al final a ella no le quedaba nada. Pero verás, aprendió que eso de ser normal es un poco como ser indiferente, a ratos si, pero en el fondo todo da igual, y ella con eso lo único que consiguió, fue quedarse igual de sola que antes, pero que no le importara. Y es que ella, en el fondo, no quiere ser normal, ni quiere el camino fácil, ni quiere un héroe, y prefiere el agua al alcohol, y un peta a un cigarro, y dar saltos por el camino de baldosas amarillas, a sentarse en la barra de cualquier bar. Elegiría mil veces un abrazo de esos que se clavan, a un beso que le deje los labios secos. Nunca supo -y poco intentó- ganar al juego ese de ser normal. Prefiere dales pequ...

Las cosas que escribo cuando no pienso en lo que escribo vol.2

Que tú lo quieres todo en grandes dosis. Lo bueno es increíble y lo malo es peor, y todos los subidones escalan tan alto que acaban por no poder respirar, y luego bajan y se estrellan y acaban desparramados como bolsas y cristales en un suelo pegajoso y sucio. Todo en grandes dosis, los porros verdes con papeles de colores y purpurina, alcohol en botellas de agua que no sabes que te has olvidado de mezclar. Todo grande, todo hasta arriba. Y te regodeas en las caídas al suelo, cada vez más al fondo, hasta que ya no te puedas levantar. El mundo gira fuera de tu cabeza, pero no tiene ni voz ni color ni forma, es intermitente tras una ventana de  óxido y niebla pegajosa y espesa. No hay nada aquí para ti, como no lo hay en ninguna parte, y es mejor así, porque el mundo es gris, y tú querías ser color, pero siempre habrá colores más brillantes. Confórmate con ser purpurina, que brilla y brilla y brilla hasta que cae inerte al suelo. Siempre todo a tope, hasta que ya no qu...

Las cosas que escribo cuando no pienso en lo que escribo. vol.1

Deberías verles se ríen mucho y muy alto, y son siempre jodidamente felices, incluso cuando no y las cosas malas y las malas situaciones - que son muchas y a veces duran mucho más de lo que merecen , no valen nada. Deberías oír cómo se ríen, es como magia, de esa que sólo se ve cuando tienes los ojos cerrados. Deberías ver cómo viven, tan si miedo, tan a por todas, tan de tirarse al vacío sin arneses y esperar el choque con una excitación que roza la locura. Bailan dando botes, frenéticos, incandescentes, sobre un suelo pegajoso de barro y bolsas y cristales que valen lo  mismo que un diamante ahogado en vodka. La música a ratos si, a ratos no, y a ratos llegan un par de sonidos dispersos que se juntan y forman una melodía perfecta, un pum, pum, pum que lo es todo, que te retumba en el pecho y te alza y te realza y te lleva a un clímax que chisporrotea como una bengala. Deberías verles, cómo se dejan ir como si no fueran a llegar a mañana cómo dejan caer todos los lastres...

Pongamos...

Una vela, por favor. O dos, y de paso cerillas, o un mechero. que éste lugar es oscuro y frío y no sé por dónde pisar. Podría haber jurado que conocía este sitio como la palma de mi mano, que ésta era mi casa, que no necesitaba luces, ni mapas, ni ruidos para guiarme. me equivocaba. No conozco este lugar. Éste sitio, ésta casa, ésta almohada, éstas mantas y éstas paredes, incluso el suelo y el monstruo de debajo de la cama. Son tan extraños que dudan incluso de mi. Es una habitación de hotel donde no eres más que un invitado, es un lecho de paso del que te marcharás a la mañana siguiente, es esa soledad que te tiene una emboscada cuando estás más acompañado, es esa sensación que te recuerda que no perteneces aquí, que estás de prestado, que éste no es tu hogar. Y ahora, mirando al techo enmohecido con goteras de olvido y abandono, me doy cuenta de que no es éste el sitio en el que quiero estar. No son éstas las voces que quiero oír, y no puedo dejar de pensar que en ésta p...