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Mostrando las entradas etiquetadas como Cosas

Sobre libros para listos y libros para tontos

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Últimamente, cuando no estoy haciendo nada que requiera el 100% de mi atención (que realmente es un 80% en el mejor de los días), me he enganchado a ponerme de fondo los videos de Ashley Embers. No sé muy bien cómo llegué a su canal, pero la cosa es que es divulgadora, y todos sus videos tratan temas que, en realidad, lo único que consiguen es que sea cada vez más consciente del terrible estado de la raza humana. PERO, son temas súper interesantes, y ella tiene una manera muy amena de comunicar, así que bueno, ni tan mal. Es verdad que su información hay que cogerla un poco con pinzas, porque ella es de Canadá y la mayoría de los estudios en los que basa sus teorías están hechos sólo en Estados Unidos (que ella llama América, porque para esa gente se conoce que todo América es Norteamérica). La cosa es que, mas allá de confirmar lo que ya sabemos todos, que es que en USA están fatal, tiene videos con puntos muy interesantes, y el último en concreto me ha resonado especialmente, porque ...

El verano en el que me hice más joven

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  El otro día, volviendo a adentrarme en el maravilloso mundo de los blogs, me topé con ESTA entrada. Me llamó la atención porque el nombre era "I'm staying up until 3am reading fanfic again!", y me pareció algo maravilloso porque, básicamente, me representaba tanto que podría haberlo escrito yo. En el post, la autora habla de como a pesar de que ha crecido, y hace cosas de persona adulta, como pagar las facturas o tener LinkedIn, se encuentra a sí misma de nuevo como cuando era adolescente, tumbada en la cama leyendo fanfics en el móvil hasta las mil. Porque los fanfics se leen en el móvil, o no se leen, aquí y en el otro lado del mundo. Habla de cómo pensaba que crecer significaba desprenderse de ciertas cosas, de ciertos comportamientos, como se desprende una serpiente de su piel. Y durante ese breve momento en el que estuve leyendo, la entendí totalmente, porque yo también creí que llegaría cierta edad en la que ya no haría las mismas cosas, en las que tendría un trab...

Quiero vivir despacio

Hoy no he hecho nada. "Nada", viniendo a ser igua que "Nada productivo". He metido los pies en el agua, me he mojado el pelo. He terminado en un par de horas un libro que pensaba que me duraría tres días. Le he tirado la pelota a mis perros, me he sentado en el suelo con ellos a no hacer nada. He observado a mi madre jugar al dominó con sus amigos, y a ratos me he quedado mirando al vacío y he pensado "debería hacer algo". Pero hay lugares que te invitan a no hacer nada; demasiado calor, demasiado mala conexión, baja señal de internet. Un helado, otro helado. Mi madre juega al dominó con sus amigos y yo estoy ahí, comiendo helado, mirando sin hacer nada. Y es lo mejor que he hecho en meses. Quiero vivir des-pa-cio. Ya no quiero escalar. No quiero un buen sueldo, ni reconocimiento, ni un buen puesto en una buena empresa. No quiero cuarenta horas semanales, ni treinta y siete. No quiero ocho horas en una oficina. Quiero estar en la piscina cuidando gallinas,...

Diario de una mudanza

Hoy he intentado abrir la puerta de mi edificio que da a la calle, y he estado un buen rato tirando sin ser capaz de abrirla, hasta que me he dado cuenta de que no tenía que tirar, sino que empujar. Luego, he ido a beber agua del grifo y me he quedado paralizarda dudando, como si de repente, por cambiar de código postal, el agua ya no fuera potable. Y como estas, otras tantísimas cosas, cosas minúsculas, tonterías sin importancia que van sumando y van sumando y al final me dejan como estoy: totalmente desubicada. He pasado tantos años sabiendo exactamente a dónde iba cada vez que salía de casa, conociéndome todos los caminos con los ojos cerrados, que ahora se me retuerce en las tripas el extraño miedo a no saber dónde pisar. Me quedo de pie en el umbral, mirando de lado a lado, pero no sé qué camino tomar para llegar a donde quiera que quiera ir. Desubicada es la palabra. Todos los ruidos son raros y me pesan casi tanto como los ruidos que odiaba pero que me eran familiares. Toda mi v...

Darse por vencida

Mary Andrew escribió:  ¿Cuándo sé que es hora de darme por vencida? Me marcho en cuanto me doy cuenta de quiero permiso para hacerlo. Abandono cuando me encuentro a mi misma deseando que se me estuviera permitido. Esto empieza con confiar en tu corazón. A veces el darse por vencida lleva meses o años, el proceso de soltar conlleva mucha autoconvicción, mucha compasión, y luego, mucha pena. Llevo un tiempo pensando que ojalá pudiera darme por vencida. Siempre he sido de tirar para adelante, pero últimamente no paro de pensar que ojalá alguien me dijera "mira, ya está bien, puedes abandonar y no pasa nada", y cada vez lo imagino con más frecuencia. ¿Vale la pena, realmente, seguir aferrándote a algo que deseas, con todas tus fuerzas, que te quiten de las manos? Es como ese extraño impulso que tenemos cuando nos repiten muchas veces que no hagamos algo, y entonces nos palpita el cuerpo con ganas de hacerlo. Me he repetido tantas veces: no abandones, no abandones, no abandones, q...

Cosas poco productivas

Me he dado cuenta de que casi todo lo que me hace feliz es poco productivo, y por consiguiente no lo hago, o cuando lo hago me siento mal. Vaya imbécil, pensaréis, pero Maruja, me da que no soy la única. He pensado que hacer una lista de las cosas que me hacen feliz pero no hago porque no son productivas podría ayudarme a darme cuenta de que, efectivamente, soy imbécil. Aunque luego siga sin hacerlas. Jugar a la consola. ME FLIPA jugar a la consola y es, posiblemente, a lo que menos tiempo le dedico. Si no me voy a hacer gamer ni monetizarlo, ni nada de eso... ¿para qué perder el tiempo? ¿Para qué perder el tiempo siendo FELIZ? A saber, señora, a saber. Cuidar de mis plantas: La paz que me da estar y trasteando con las plantas no la puedo explicar, pero claro, ¿Quién querría estar en paz, cantando con los pajaritos, cuidando a sus coleos, pudiendo estar, no sé, contestándoles el teléfono a unas desgraciadas en una oficina? ¿QUIÉN? No lo se. Escribir. A riesgo de sonar soberbia, escribi...

Ganas de llorar

Tengo ganas de llorar todo el tiempo. Y cuando digo todo el tiempo no es "a ratos", o "por las noches" o "a mediodía" no, es TODO EL TIEMPO. Tengo ganas de llorar cuando pienso en que tengo que levantarme de la cama, y cuando tengo que tomar la decisión de qué desayunar, y de qué ponerme, y cuando me aplasta el peso de darme cuenta de que en cinco minutos tendré que coger el móvil y empezar contestar mensajes de personas con las que no quiero hablar (e incluso de personas con las que sí que quiero), tendré que salir de casa, montarme en el metro, llegar a la oficina, hablar con gente. Tengo ganas de llorar cuando contesto emails de gente que me da igual, para solucionarles problemas que no tienen nada que ver conmigo. Cuando me viene una idea buenísima en mitad de mi jornada laboral y no puedo ponerme a escribir porque, bueno, estoy trabajando. ¿Trabajando en qué? Me pregunto. Trabajando en manda emails mientras me aguanto las ganas de llorar, supongo. A v...

felíz final

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  Recuerdo un día hace mucho, sentada al borde del precipicio, en el suelo de un baño cualquiera cogiendo una llamada que me ponía el futuro en las manos, y me retaba a cogerlo, a sabiendas de que yo nunca había tenido cojones. Tal vez era eso lo que había necesitado todo el tiempo, tener las manos demasiado ocupadas como para pensar en ahorcarme. Entonces fue como caer en el agujero hacia el País de las Maravillas donde todo es caos y pérdida y un contínuo tira y afloja contra una mente que   amenaza con venirse abajo cada vez que dejas de moverte. Aún veo las piezas del puzzle más imperfecto del mundo desparramadas sobre un suelo manchado de pintura, con los bordes tan mojados que ya eran incapaces de encajar. Comprendí mucho más tarde que hay cosas que tienen que romperse por completo, antes de que los caminos puedan volver a juntarse. Un enorme espacio vacío que se sacudió el polvo a base de pequeños pasos adelante, y miradas de reojo hacia a...

Pongamos que hablo de Madrid

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Hay que pagar un precio por vivir aquí. Madrid no regala nada. Te cobrará cada paso que des al precio del aire que respiras, y muchas veces, la mayoría, no tendrás fuerzas ni para caminar, ni para respirar. Se tragará tu vida como se traga el humo de los coches, y el de los cigarros, y el de los porros, pero a veces, cuando se sienta generosa, te la devolverá envuelta en pedazos de papel, reducida a un puñado de azúcar (muy amargo, y muy poco azúcar) ¡Y qué vivo te hará sentir! sin que te des cuenta de que sólo sientes lo que ella te deja. Puedes tenerlo todo, todo lo que quieras, aquí nadie puede decirte que no, y a nadie le interesa, sólo eres otra historia triste, que reinventarán en papeles usados esos que regalan su arte por la voluntad en las esquinas de Gran Vía. Madrid te lo dará todo, pero no podrás quedarte con nada, es un préstamo que dura hasta que el banco te embargue las ganas de preguntar, igual que les ha embargado a todos las ganas de saber re...

Explicaciones fáciles a estados complicados

Es como estar en el centro de un incendio, sólo oler humo y sólo ver llamas. Es como un mundo visto a través de ojos cubiertos de vaho, en blanco y negro y en mute. El aire es niebla, espesa y agria que se atasca al entrar y salir, y que se queda pegada a los pulmones como una capa seca de cola blanca. No hay botón de stop ni salida de emergencia, porque tampoco hay manera de saber por dónde has entrado. El mundo de bruma aparece y desaparece como una sombra en un paseo de farolas. Ayer lo quería todo, hoy no quiero nada, pero quiero mucho más que ayer y que mañana. Todo lo que es importante deja de tener sentido. Sería capaz de abandonarlo todo hoy a cambio de un  agujero en la tierra, aunque sepa que tal vez mañana, tal vez pasado, la bruma desaparezca y me de cuenta de lo que significa, realmente, un agujero en la tierra. Podría caer en  picado por el agujero, pero no hay conejo al que seguir ni tiempo al que engañar. Podría aceptar que, simplemente, no soy suficiente,...

La química de ella y sus complicaciones.

A ella le gustaba, desde siempre, convencerse de que tenía que ser normal, y querer las cosas que quiere la gente normal, porque siendo como era estaba muy sola, estaba tan sola, tan sola, que pasaba horas hablándole a las sombras de las paredes, pero incluso las sombras acababan por escurrirse debajo de la cama, y al final a ella no le quedaba nada. Pero verás, aprendió que eso de ser normal es un poco como ser indiferente, a ratos si, pero en el fondo todo da igual, y ella con eso lo único que consiguió, fue quedarse igual de sola que antes, pero que no le importara. Y es que ella, en el fondo, no quiere ser normal, ni quiere el camino fácil, ni quiere un héroe, y prefiere el agua al alcohol, y un peta a un cigarro, y dar saltos por el camino de baldosas amarillas, a sentarse en la barra de cualquier bar. Elegiría mil veces un abrazo de esos que se clavan, a un beso que le deje los labios secos. Nunca supo -y poco intentó- ganar al juego ese de ser normal. Prefiere dales pequ...

Las cosas que escribo cuando no pienso en lo que escribo vol.2

Que tú lo quieres todo en grandes dosis. Lo bueno es increíble y lo malo es peor, y todos los subidones escalan tan alto que acaban por no poder respirar, y luego bajan y se estrellan y acaban desparramados como bolsas y cristales en un suelo pegajoso y sucio. Todo en grandes dosis, los porros verdes con papeles de colores y purpurina, alcohol en botellas de agua que no sabes que te has olvidado de mezclar. Todo grande, todo hasta arriba. Y te regodeas en las caídas al suelo, cada vez más al fondo, hasta que ya no te puedas levantar. El mundo gira fuera de tu cabeza, pero no tiene ni voz ni color ni forma, es intermitente tras una ventana de  óxido y niebla pegajosa y espesa. No hay nada aquí para ti, como no lo hay en ninguna parte, y es mejor así, porque el mundo es gris, y tú querías ser color, pero siempre habrá colores más brillantes. Confórmate con ser purpurina, que brilla y brilla y brilla hasta que cae inerte al suelo. Siempre todo a tope, hasta que ya no qu...

Las cosas que escribo cuando no pienso en lo que escribo. vol.1

Deberías verles se ríen mucho y muy alto, y son siempre jodidamente felices, incluso cuando no y las cosas malas y las malas situaciones - que son muchas y a veces duran mucho más de lo que merecen , no valen nada. Deberías oír cómo se ríen, es como magia, de esa que sólo se ve cuando tienes los ojos cerrados. Deberías ver cómo viven, tan si miedo, tan a por todas, tan de tirarse al vacío sin arneses y esperar el choque con una excitación que roza la locura. Bailan dando botes, frenéticos, incandescentes, sobre un suelo pegajoso de barro y bolsas y cristales que valen lo  mismo que un diamante ahogado en vodka. La música a ratos si, a ratos no, y a ratos llegan un par de sonidos dispersos que se juntan y forman una melodía perfecta, un pum, pum, pum que lo es todo, que te retumba en el pecho y te alza y te realza y te lleva a un clímax que chisporrotea como una bengala. Deberías verles, cómo se dejan ir como si no fueran a llegar a mañana cómo dejan caer todos los lastres...

Pongamos...

Una vela, por favor. O dos, y de paso cerillas, o un mechero. que éste lugar es oscuro y frío y no sé por dónde pisar. Podría haber jurado que conocía este sitio como la palma de mi mano, que ésta era mi casa, que no necesitaba luces, ni mapas, ni ruidos para guiarme. me equivocaba. No conozco este lugar. Éste sitio, ésta casa, ésta almohada, éstas mantas y éstas paredes, incluso el suelo y el monstruo de debajo de la cama. Son tan extraños que dudan incluso de mi. Es una habitación de hotel donde no eres más que un invitado, es un lecho de paso del que te marcharás a la mañana siguiente, es esa soledad que te tiene una emboscada cuando estás más acompañado, es esa sensación que te recuerda que no perteneces aquí, que estás de prestado, que éste no es tu hogar. Y ahora, mirando al techo enmohecido con goteras de olvido y abandono, me doy cuenta de que no es éste el sitio en el que quiero estar. No son éstas las voces que quiero oír, y no puedo dejar de pensar que en ésta p...