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Gente que brilla

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La única gente que me interesa es la gente que brilla. Brillan como gotas de agua al sol, como el mar, mi playa en Madrid. Gente que vive, ¡y cómo viven! Lo viven todo, por si mañana ya no despiertan, lo ríen todo, y su risa son pompas de jabón y purpurina, y te obligan a vivir para que no te dejes morir en cualquier baño, y te obligan a reír, para que te comas el mundo con sonrisas y a bocados. Sólo tienes que seguir las pisadas de pintura fluorescente en el suelo, seguir el rastro de la luz doblando las esquinas, aunque a veces te haga desaparecer, porque la mayoría de las veces, te hará encontrarte. Respira su vida, atrévete con todo; improvisar, olvidar los planes, hacer camino al andar, hacer locuras, vivir el momento, tragarte el humo, bailar sobre los bancos de la calle, ver el mundo desde arriba, descolgarte del suelo, sacudirte la gravedad de encima, flotar, que la vida no sea despertar y dormir, que sea siempre despertar, estar despierto hasta cuando estás soña...

Pongamos que hablo de Madrid

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Hay que pagar un precio por vivir aquí. Madrid no regala nada. Te cobrará cada paso que des al precio del aire que respiras, y muchas veces, la mayoría, no tendrás fuerzas ni para caminar, ni para respirar. Se tragará tu vida como se traga el humo de los coches, y el de los cigarros, y el de los porros, pero a veces, cuando se sienta generosa, te la devolverá envuelta en pedazos de papel, reducida a un puñado de azúcar (muy amargo, y muy poco azúcar) ¡Y qué vivo te hará sentir! sin que te des cuenta de que sólo sientes lo que ella te deja. Puedes tenerlo todo, todo lo que quieras, aquí nadie puede decirte que no, y a nadie le interesa, sólo eres otra historia triste, que reinventarán en papeles usados esos que regalan su arte por la voluntad en las esquinas de Gran Vía. Madrid te lo dará todo, pero no podrás quedarte con nada, es un préstamo que dura hasta que el banco te embargue las ganas de preguntar, igual que les ha embargado a todos las ganas de saber re...

Explicaciones fáciles a estados complicados

Es como estar en el centro de un incendio, sólo oler humo y sólo ver llamas. Es como un mundo visto a través de ojos cubiertos de vaho, en blanco y negro y en mute. El aire es niebla, espesa y agria que se atasca al entrar y salir, y que se queda pegada a los pulmones como una capa seca de cola blanca. No hay botón de stop ni salida de emergencia, porque tampoco hay manera de saber por dónde has entrado. El mundo de bruma aparece y desaparece como una sombra en un paseo de farolas. Ayer lo quería todo, hoy no quiero nada, pero quiero mucho más que ayer y que mañana. Todo lo que es importante deja de tener sentido. Sería capaz de abandonarlo todo hoy a cambio de un  agujero en la tierra, aunque sepa que tal vez mañana, tal vez pasado, la bruma desaparezca y me de cuenta de lo que significa, realmente, un agujero en la tierra. Podría caer en  picado por el agujero, pero no hay conejo al que seguir ni tiempo al que engañar. Podría aceptar que, simplemente, no soy suficiente,...

Es tu cumpleaños

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Hubo un día en el que pasé una noche entera a punto de irme a alguna parte y con la chaqueta puesta y sin saberlo me acabé salvando del derrumbe al quedarme en ésta habitación. El mundo se cae a pedazos al otro lado de éstas ventanas hay gente matando y muriendo de gratis mientras suben el precio de la felicidad a un euro por segundo. Hay dioses y monstruos jugando al ajedrez con pequeñas piezas que se mueven y respiran y no tienen ni para comer ni para pensar. Nada bueno ha pasado hoy en el mundo, dicen las noticias El mundo se cae a pedazos fuera de ésta habitación son tan sólo paredes con techos muy altos y un suelo que ha visto mejores dias hay un sofá en una esquina que sabe demasiado y una mesa de cristal en la que podría ver reflejados los mejores años de mi vida Hay un par de balcones en los que sólo se permite arder que le regalarán las mejores vistas de Madrid a quién esté dispuesto a asomarse cinco pisos hacia abajo. No hay nada especial en esta habi...

La química de ella y sus complicaciones.

A ella le gustaba, desde siempre, convencerse de que tenía que ser normal, y querer las cosas que quiere la gente normal, porque siendo como era estaba muy sola, estaba tan sola, tan sola, que pasaba horas hablándole a las sombras de las paredes, pero incluso las sombras acababan por escurrirse debajo de la cama, y al final a ella no le quedaba nada. Pero verás, aprendió que eso de ser normal es un poco como ser indiferente, a ratos si, pero en el fondo todo da igual, y ella con eso lo único que consiguió, fue quedarse igual de sola que antes, pero que no le importara. Y es que ella, en el fondo, no quiere ser normal, ni quiere el camino fácil, ni quiere un héroe, y prefiere el agua al alcohol, y un peta a un cigarro, y dar saltos por el camino de baldosas amarillas, a sentarse en la barra de cualquier bar. Elegiría mil veces un abrazo de esos que se clavan, a un beso que le deje los labios secos. Nunca supo -y poco intentó- ganar al juego ese de ser normal. Prefiere dales pequ...

Las cosas que escribo cuando no pienso en lo que escribo vol.2

Que tú lo quieres todo en grandes dosis. Lo bueno es increíble y lo malo es peor, y todos los subidones escalan tan alto que acaban por no poder respirar, y luego bajan y se estrellan y acaban desparramados como bolsas y cristales en un suelo pegajoso y sucio. Todo en grandes dosis, los porros verdes con papeles de colores y purpurina, alcohol en botellas de agua que no sabes que te has olvidado de mezclar. Todo grande, todo hasta arriba. Y te regodeas en las caídas al suelo, cada vez más al fondo, hasta que ya no te puedas levantar. El mundo gira fuera de tu cabeza, pero no tiene ni voz ni color ni forma, es intermitente tras una ventana de  óxido y niebla pegajosa y espesa. No hay nada aquí para ti, como no lo hay en ninguna parte, y es mejor así, porque el mundo es gris, y tú querías ser color, pero siempre habrá colores más brillantes. Confórmate con ser purpurina, que brilla y brilla y brilla hasta que cae inerte al suelo. Siempre todo a tope, hasta que ya no qu...

Las cosas que escribo cuando no pienso en lo que escribo. vol.1

Deberías verles se ríen mucho y muy alto, y son siempre jodidamente felices, incluso cuando no y las cosas malas y las malas situaciones - que son muchas y a veces duran mucho más de lo que merecen , no valen nada. Deberías oír cómo se ríen, es como magia, de esa que sólo se ve cuando tienes los ojos cerrados. Deberías ver cómo viven, tan si miedo, tan a por todas, tan de tirarse al vacío sin arneses y esperar el choque con una excitación que roza la locura. Bailan dando botes, frenéticos, incandescentes, sobre un suelo pegajoso de barro y bolsas y cristales que valen lo  mismo que un diamante ahogado en vodka. La música a ratos si, a ratos no, y a ratos llegan un par de sonidos dispersos que se juntan y forman una melodía perfecta, un pum, pum, pum que lo es todo, que te retumba en el pecho y te alza y te realza y te lleva a un clímax que chisporrotea como una bengala. Deberías verles, cómo se dejan ir como si no fueran a llegar a mañana cómo dejan caer todos los lastres...