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Intermedio

El mundo ha cambiado y ahora, ahora, aquí de pie en el intermedio me doy cuenta, de que la bola lleva ya mucho tiempo rodando pero yo me había quedado en stand-by. ¿Cuándo fue la última vez  que me sentí pertenecer sin tener que fingir que pertenecía? ¿Cuándo y con quién, al otro lado de estos huesos que me guardan? ¿Cuándo fue la última vez que tuve algo que decir, y lo dije antes de que estallara como pólvora en mis tripas, forrándolas de cicatrices y metralla? Recuerdo a la niña que no conocía un mundo más allá de la soledad y pienso en lo lejos que hemos llegado, y en cómo todo, inevitablemente, vuelve a empezar. El mundo ha cambiado y he tardado en darme cuenta, de que ahí donde todo se ha movido hacia adelante, yo he dado un paso atrás, ya no hay humo que me ahogue pero todavía me aterra todo eso que no puedo controlar. Me veo en páginas de cuadernos viejos y me pregunto cuál es la chispa que hará falta para que todo vuelva ...

corrígeme si me equivoco, pero no veo nada que merezca ser salvado

Hay algo que perdonar en todas las personas dicen, algo que salvar tras cada desolación, cada pandemia, pedazos de diamante ocultos tras los escombros de cada explosión de odio que siempre va dirigida hacia las mismas víctimas. Lo siento, si no puedo sentir pena por las manos que despluman nuestra salas, si me falta la bondad necesaria para creer que en lo más hondo de cada masa de carne y músculo hay una grieta por la que se puede colar la luz. Pido perdón, de corazón, porque en mis sueños, más veces de las admitidas a una persona cuerda desmiembro cuerpos con las uñas pintadas de rosa mordisco a mordisco, les arranco la extremidades y luego pienso, qué bien me queda la sangre como pintalabios, y qué buen fertilizante serán sus intestinos, para la Madre. Lo siento, si tengo pocas ganas de dejarme convencer, de que todo demonio arrastra un pasado triste, que le pesa en el alma y le turba la mente y le obliga a hacer daño a quienes tienen la mala suerte de p...

cuando esté de pie frente a La Madre

A veces tengo miedo de que si realmente hay alguien esperando tras la muerte se me juzgue por mi especie. De que mi puesto en la otra vida dependa de las acciones de mis congéneres al igual que aquí, aquellos que son como yo se han creído con derecho a juzgar a otros por las acciones de los suyos. Ojalá no midan mi valía por las pocas veces que esperé algo a cambio sino por las que di todo lo que podía aunque no fuese ni de lejos suficiente. Me aterra pensar que, de pie ante la Madre no sea capaz de mirarla a los ojos, así como no pude mirar a los de todos esos animales a quienes no tuve ni medios ni cojones de salvar. Ojalá no se me juzgue por cada hormiga que maté cuando no comprendía que su vida valía lo mismo que la mía. ¿Es verdad acaso, que no queda nada en nosotros que valga la pena perdonar? ¿Nadie por quien valga la pena pensar que quizá podemos ser la cura y no la enfermedad que terminará por acabar con todo? Ojalá la Madre,...