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Quiero vivir despacio

Hoy no he hecho nada. "Nada", viniendo a ser igua que "Nada productivo". He metido los pies en el agua, me he mojado el pelo. He terminado en un par de horas un libro que pensaba que me duraría tres días. Le he tirado la pelota a mis perros, me he sentado en el suelo con ellos a no hacer nada. He observado a mi madre jugar al dominó con sus amigos, y a ratos me he quedado mirando al vacío y he pensado "debería hacer algo". Pero hay lugares que te invitan a no hacer nada; demasiado calor, demasiado mala conexión, baja señal de internet. Un helado, otro helado. Mi madre juega al dominó con sus amigos y yo estoy ahí, comiendo helado, mirando sin hacer nada. Y es lo mejor que he hecho en meses. Quiero vivir des-pa-cio. Ya no quiero escalar. No quiero un buen sueldo, ni reconocimiento, ni un buen puesto en una buena empresa. No quiero cuarenta horas semanales, ni treinta y siete. No quiero ocho horas en una oficina. Quiero estar en la piscina cuidando gallinas,...

Diario de una mudanza

Hoy he intentado abrir la puerta de mi edificio que da a la calle, y he estado un buen rato tirando sin ser capaz de abrirla, hasta que me he dado cuenta de que no tenía que tirar, sino que empujar. Luego, he ido a beber agua del grifo y me he quedado paralizarda dudando, como si de repente, por cambiar de código postal, el agua ya no fuera potable. Y como estas, otras tantísimas cosas, cosas minúsculas, tonterías sin importancia que van sumando y van sumando y al final me dejan como estoy: totalmente desubicada. He pasado tantos años sabiendo exactamente a dónde iba cada vez que salía de casa, conociéndome todos los caminos con los ojos cerrados, que ahora se me retuerce en las tripas el extraño miedo a no saber dónde pisar. Me quedo de pie en el umbral, mirando de lado a lado, pero no sé qué camino tomar para llegar a donde quiera que quiera ir. Desubicada es la palabra. Todos los ruidos son raros y me pesan casi tanto como los ruidos que odiaba pero que me eran familiares. Toda mi v...

Darse por vencida

Mary Andrew escribió:  ¿Cuándo sé que es hora de darme por vencida? Me marcho en cuanto me doy cuenta de quiero permiso para hacerlo. Abandono cuando me encuentro a mi misma deseando que se me estuviera permitido. Esto empieza con confiar en tu corazón. A veces el darse por vencida lleva meses o años, el proceso de soltar conlleva mucha autoconvicción, mucha compasión, y luego, mucha pena. Llevo un tiempo pensando que ojalá pudiera darme por vencida. Siempre he sido de tirar para adelante, pero últimamente no paro de pensar que ojalá alguien me dijera "mira, ya está bien, puedes abandonar y no pasa nada", y cada vez lo imagino con más frecuencia. ¿Vale la pena, realmente, seguir aferrándote a algo que deseas, con todas tus fuerzas, que te quiten de las manos? Es como ese extraño impulso que tenemos cuando nos repiten muchas veces que no hagamos algo, y entonces nos palpita el cuerpo con ganas de hacerlo. Me he repetido tantas veces: no abandones, no abandones, no abandones, q...

Vivir a pares

Yo también soñé con encontrar una pieza que encajara, una mano fuerte que enlazara entre sus dedos mis costillas, que aferrara mi corazón como eslabones de metal enganchándose en mis venas. Soñé con una mirada que reflejara el sol que esquivaba mis pesadillas más sinceras, y una sonrisa que me hiciera grande, como si yo la mereciera. Qué sueño tan triste me parece ahora, cuando lo veo con la distancia que da el haberme visto entera. ¿Quién me iba a decir, que todo lo que estaba mal en mi no era culpa mía? ¿Quién me iba a decir, que el hormigueo en las puntas de mis dedos, y el anhelo que amenazaba con implosionarme dentro del pecho, no nacían de todo aquello que yo creía querer? Que la voz que me decía “ve por el camino más oscuro, porque hay una luz al final del túnel” resultaría tener razón. Donde esperaba encontrar candados, encontré llaves. y donde buscaba dedos enlazados encontré letras de canciones, que en vez de decirme “quédate” me decían “vete lejos y busca lo que quieres” Y a...

2023 EN FRACASOS

Se me hace extraño estar escribiendo esto, porque todavía recuerdo el momento exácto en el que escribí mis fracasos del 2022. Es como si el 2023 no hubiera existido y, a la vez, hubiera sido el año más largo de mi vida. Ha pasado muchísimo en 2023, cosas muy guays, cosas no tan guays, y cosas de las que probablemente ya me he olvidado. Para este año he hecho una vision board, de esas que se supone que te ayudarán a conseguir todos tus objetivos, y antes de eso me he tenido que fijar unos objetivos, porque yo soy muy de tirar para adelante y ya ir viendo, cosa que deja demasiado al azar, y este año quiero intentar coger las riendas, aunque sea un poquito. A pesar de todo, sé que se vendrán nuevos y grandes fracasos, y eso, como siempre, está bien. ¿En qué he fracasado en 2023? He fracasado en ir a Japón. Parece un poco tontería de fracaso, pero no ir a Japón es algo que me tomo muy a pecho, así que es un fracaso bastante grande. Emprender es lo que tiene, supongo. He fracasado en no ent...

Cosas poco productivas

Me he dado cuenta de que casi todo lo que me hace feliz es poco productivo, y por consiguiente no lo hago, o cuando lo hago me siento mal. Vaya imbécil, pensaréis, pero Maruja, me da que no soy la única. He pensado que hacer una lista de las cosas que me hacen feliz pero no hago porque no son productivas podría ayudarme a darme cuenta de que, efectivamente, soy imbécil. Aunque luego siga sin hacerlas. Jugar a la consola. ME FLIPA jugar a la consola y es, posiblemente, a lo que menos tiempo le dedico. Si no me voy a hacer gamer ni monetizarlo, ni nada de eso... ¿para qué perder el tiempo? ¿Para qué perder el tiempo siendo FELIZ? A saber, señora, a saber. Cuidar de mis plantas: La paz que me da estar y trasteando con las plantas no la puedo explicar, pero claro, ¿Quién querría estar en paz, cantando con los pajaritos, cuidando a sus coleos, pudiendo estar, no sé, contestándoles el teléfono a unas desgraciadas en una oficina? ¿QUIÉN? No lo se. Escribir. A riesgo de sonar soberbia, escribi...

Ganas de llorar

Tengo ganas de llorar todo el tiempo. Y cuando digo todo el tiempo no es "a ratos", o "por las noches" o "a mediodía" no, es TODO EL TIEMPO. Tengo ganas de llorar cuando pienso en que tengo que levantarme de la cama, y cuando tengo que tomar la decisión de qué desayunar, y de qué ponerme, y cuando me aplasta el peso de darme cuenta de que en cinco minutos tendré que coger el móvil y empezar contestar mensajes de personas con las que no quiero hablar (e incluso de personas con las que sí que quiero), tendré que salir de casa, montarme en el metro, llegar a la oficina, hablar con gente. Tengo ganas de llorar cuando contesto emails de gente que me da igual, para solucionarles problemas que no tienen nada que ver conmigo. Cuando me viene una idea buenísima en mitad de mi jornada laboral y no puedo ponerme a escribir porque, bueno, estoy trabajando. ¿Trabajando en qué? Me pregunto. Trabajando en manda emails mientras me aguanto las ganas de llorar, supongo. A v...